Conrado Benítez
20/02/2019

En el corazón del barrio yumurino de Pueblo Nuevo, en la calle San Francisco, las paredes de la casa no. 58, adornadas por una tarja muy especial, recuerdan en este día el nacimiento de Conrado Benítez, la primera víctima del terrorismo contra el magisterio cubano.

Este hijo de Diego, obrero de la construcción, y Eleuteria, ama de casa, vino al mundo en el 19 de febrero de 1942 en una familia humilde.  Por este motivo durante su niñez se ganó la vida como limpiabotas, y más tarde en una panadería.

Cuentan los que lo conocieron que era un joven tranquilo, tímido e introvertido, pero con muchas ganas de estudiar y superarse, lo que no lograría hasta el triunfo de la Revolución cuando en 1960 matriculó en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, para casi de inmediato responder a la convocatoria de la Revolución de enseñar a leer y escribir a sus habitantes.

El joven, que rozaba los 18 años, enseñó primero en la Sierra Reunión, en el Escambray, y luego fue trasladado para el caserío de La Sierrita, donde alfabetizaba a 44 niños y casi la misma cantidad de adultos, siendo muy querido por los pobladores de la zona.

Pero la barbarie y el crimen lo encontrarían en horas de la tarde del 4 de enero de 1961, al regreso de sus vacaciones, mientras llevaba  algunos juguetes que había comprado para sus pequeños alumnos por el Día de los Reyes Magos.

En la noche fue sorprendido por un grupo de hombres armados que lo golpearon, le ataron las manos a la espalda y lo secuestraron, para después en Las Tinajitas, en San Ambrosio, Trinidad, someterlo a numerosas torturas.

Ya el 5 de enero y tras un juicio simulado lo condenan a muerte por el crimen de ser pobre, negro y maestro. Creen con su muerte ponerle freno a una de las más hermosas tareas de la Revolución.

Pero el acto terrorista no amedrentó, sino que como una chispa levantó una ola de indignación y fervor patriótico y revolucionario, que se manifestó inmediatamente en la disposición de miles de jóvenes a partir de inmediato hacia los llanos y las montañas de Cuba, organizados en las Brigadas Conrado Benítez, constituidas en honor del maestro asesinado, para llevar a cabo la Campaña Nacional de Alfabetización.

De Conrado, dijera Fidel el 23 de enero, en el acto de graduación del Segundo Contingente de Maestros Voluntarios que se celebraba en el teatro de la Central de Trabajadores de Cuba: «... era un hombre joven de dieciocho años solamente que solo conocía del sudor honrado, que solo conocía de la pobreza [...] era pobre, era negro y era maestro. [...] Ese es el fruto de las campañas anticomunistas... es decir, que han convertido el crimen en su conducta, han inventado la justificación, y en ella -el anticomunismo- se basan para perpetrar este bárbaro hecho. [...] Pero como el desenlace ha de ser inevitablemente el triunfo de los que quieren educar, y la destrucción de los que quieren asesinar maestros. Como las fuerzas del pueblo, apoyadas en su derecho y en su razón, son mil veces superiores a las fuerzas de los criminales y de los mercenarios, ya veremos cómo enseñamos hasta el último analfabeto, y ya veremos cómo aniquilaremos hasta el último criminal contrarrevolucionario».

Y así se cumplió
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