HISTORIA LOCAL DE JAGÜEY GRANDE

INTRODUCCION

Todo proceso o hecho histórico es digno de ser estudiado, aún cuando pensamos a priori que aquel pudo tener mayor o menor significación y que las figuras que lo protagonizan tuvieron una vida destacable o no en el contexto nacional.

La formación de nuestro país con su cultura en sentido amplio, ha necesitado de momentos felices y dolorosos; que no deben ser olvidados por pequeños que parezcan  a riesgo de quedarnos huérfanos de raíces, porque un pueblo que olvida su pasado se pierde el respeto a sí mismo.

Por suerte, este no es el caso. Unas veces con más preocupación que otras, los cubanos de ayer preservaron hasta hoy, los principales hechos, costumbres y tradiciones tan necesarios para el conocimiento general y la educación patriótica de las futuras generaciones.

Este trabajo ofrece el resultado de nuestra investigación, a la que podrán sumarse otras que incidirán en tareas inferidas como son: la preservación de sitios históricos, el rescate de tradiciones y la vinculación cada vez más estrecha del pueblo con su historia.

La historia local de Jagüey Grande, lugar donde se inició la guerra por la independencia en Occidente de Cuba, donde la presencia del Ejército Libertador fue muy principal a fines del siglo XIX y donde tanto eventos llevaron a la zona a estar en cada proceso histórico destacado del país, tiene en este trabajo un referente válido para la preservación y rescate de nuestra identidad. La historia íntima y cercana que es nuestra primera mirada a la concepción que tenemos como seres humanos de un tiempo y un lugar determinados, está, de manera sintética, en este trabajo.
                                        Los autores

I.  PRESENCIA ABORIGEN

La existencia de pobladores en nuestra isla antes de la llegada de los conquistadores españoles ha sido verificada, tanto por las noticias obtenidas por vías documentales, como por trabajos arqueológicos realizados en diferentes épocas.

Las culturas existentes en la Cuba Precolombina, diferenciadas entre sí, son muestras de la comunicación existente entre los diferentes archipiélagos y tierra firme desde donde llegaron aquellos primeros pobladores en rudimentarias embarcaciones.

Fundamentalmente, existieron tres vías de acceso para la  llegada a la isla de los aborígenes:

  • A través del Corredor de las Antillas
  • De Yucatán a Cuba
  • De Florida a Cuba

Es decir, que a la llegada de los conquistadores se encontraron que existían en Cuba grupos de habitantes asentados en la isla, los cuales presentaban características diferentes entre sí.

Existieron tres grupos bien diferenciados de aborígenes que dejaron sus huellas en nuestra provincia:

  • Pre agroalfarero temprano
  • Pre agroalfarero tardío
  • Agro alfarero tardío

Ahora bien, se debe a José A. Cosculluela, el haber descubierto al pre-agroalfarero temprano o mesolítico (Guayabo Blanco) en el año 1913, con sus excavaciones en la parte oriental en la Ciénaga de Zapata.

A través de los años se han realizado múltiples trabajos destinados al conocimiento de nuestras culturas aborígenes y en consecuencia, se ha profundizado la apreciación sobre aquellos lejanos tiempos de nuestra historia, pero la desigual distribución de la población indígena, así como sus diferentes niveles de cultura indican todavía una mayor necesidad de trabajo en tal sentido.

La zona donde hoy se ubica el territorio de Jagüey Grande, no aparece entre las más importantes por la  presencia de habitantes precolombinos. No obstante, se han localizado sitios arqueológicos, que demuestran que en esta zona existieron  grupos humanos antes de la llegada de los colonizadores europeos.

La existencia de población indígena en el actual municipio de Jagüey Grande, ha sido probada. Trabajos futuros podrían indicar con mayor precisión otros sitios probables, pero hasta hoy el sitio La Peira y la zona de Guamajales aparecen como lugares comprobados de existencia de nuestros antecesores precolombinos.

Las evidencias halladas en el sitio La Peira, se concretan en el hallazgo de majaderos o percutores, gubias, así como cucharas de conchas, lascas de sílex y piedras tintóreas. Estas últimas fueron utilizadas, al parecer, por los aborígenes para pintarse el cuerpo y para las pictografías. Se encontraron además, vasijas elaboradas con el caracol Strombus Gigas.

La zona geográfica, otrora con abundantes bosques, ricos en frutas tropicales, así como poseedora de un manto freático muy cercano a  la superficie y con "ojos de agua" frecuentes, posibilita la hipótesis de pequeños asentamientos indocubanos. No obstante, el actual desarrollo agrícola ha imposibilitado búsquedas de residuarios aborígenes en una zona mayor.

Por otra parte, las semejanzas de los sitios del grupo cultural aborigen ubicado en La Peira con otros de las zonas costeras y el propio residuario, donde abundan elementos proporcionados por el mar   teniendo en cuenta el carácter de zona interior del municipio posibilitan pensar en los asentamientos del territorio a la vez que en la posibilidad de que el hoy término municipal de Jagüey Grande, fuera "zona de cruce" entre la costa sur y la norte de la provincia. Esto es avalado por algunas evidencias aisladas encontradas en el territorio en lugares que no son precisamente residuarios aborígenes, aún y con la posibilidad del traslado "a posteriori" de dichas evidencias, pero teniendo en cuenta, que la mayoría de ellas se han hallado en los sitios que quedaban al paso de los aborígenes.

Los sitios aún no estudiados eficazmente ofrecen una tendencia al sur que los relaciona con la Ciénaga de Zapata, sobre todo en la "costanera" de la misma. A pesar de lo impenetrable de sus pantanos, la fauna de este tipo de sistema ecológico era útil a la existencia o al paso de grupos aborígenes.

II.  ESTRUCTURACION DE LA SOCIEDAD CRIOLLA
    
II.1  Proceso de mercedación

El proceso de mercedación en la zona de Jagüey Grande, al igual que en otros territorios del país, fue desarrollándose a partir de las concesiones del Cabildo de La Habana y se caracterizó por el cambio de propietarios. Téngase en cuenta que,  según la legislación vigente (Ordenanzas), aquellas tierras que no eran explotadas, podían ser demandadas y vueltas a mercedar. Nombres como los de Zayas Bazán, Antón Recio, Francisco Zamora, Velázquez de Cuéllar, Blas Pita y Juan de Júztiz, aparecen entre los principales propietarios de estas tierras.

Este territorio tuvo su primer vínculo con la vida colonial el 24 de enero de 1566, cuando se mercedó la sabana de La Hanábana a Melchor  Rodríguez, considerándose la misma como la merced más antigua de la zona de Jagüey Grande. Aparece además, con fecha 30 de enero de 1569, el sitio  Hanábana, en posesión de Antón y María Recio. En este propio año, también se mercedó a favor de Francisco Zamora, la sabana de Jabaco, la cual fue abandonada y posteriormente se volvió a mercedar.

En las actas capitulares correspondientes al Cabildo habanero aparece recogido que Antón Recio, con fecha 28 de julio de 1570, pidió que se le hiciera la merced de una Sabana denominada Pueblo Viejo, situada a cinco leguas  de La Hanábana. En los años 1566    1572, Antón Recio amplió sus propiedades como resultado de que el Cabildo  habanero le concedió las propiedades de La Palma, Camarioca, Hanábana y Pueblo Viejo, terrenos, estos últimos, vinculados a la zona de Jagüey Grande. Recio podía considerarse uno de los grandes hacendados de la isla.

Próximo a la zona de Jagüey Grande, aparece la Sabana de Jabaco, mercedada en 1569 a Francisco Zamora y abandonada luego, como lo prueba una nueva merced, la que fue otorgada a Antonio Andino el 10 de abril de 1573.

En 1573, con las ordenanzas de Cáceres, se produjo una reforma de gran alcance para el ulterior desarrollo de la vida colonial cubana. Entre lo más notable de las ordenanzas, estaba el artículo 88, que planteaba  lo siguiente:

  • Confirmación a los Ayuntamientos o Cabildos en su facultad de repartir o mercedar tierras.
  • Creación del cargo de procurador del consejo, funcionario de que sería electo anualmente por los vecinos y fiscalizaría los actos del Cabildo.
     
  • Rebaja  de los derechos por el despacho de asuntos judiciales.

El Cabildo habanero continuó en su labor, siguió mercedando nuevos territorios, apareciendo entonces el sitio Francisco López, situado junto a La Hanábana, adjudicado a Alonso Velázquez de Cuéllar con fecha 23 de abril de 1575. Tres años más tarde, el 17 de enero de 1578, le fue concedido al propio Velázquez de Cuéllar el sitio El Mulato, ubicado al norte de Jagüey Grande.

Después de concedidas estas primeras mercedes, le continuaron otras. Debe tenerse en cuenta que, a partir de 1575, los hatos llegan a ser las propiedades más valiosas de la época, como resultado de que la ganadería ocupa en este período un lugar de preferencia entre los sectores más importantes, es decir, que la ganadería alcanzó un lugar privilegiado en Cuba.

El corral Jagüey Grande, propiedad de la que surge el nombre de la actual cabecera del municipio, fue mercedado por primera vez el 31 de enero de 1578. Otras mercedaciones continuaron realizándose. El 5 de mayo de 1628 se le concedió a Alonso Velázquez de Cuéllar, el sitio Caobillas.  Al año siguiente, con fecha 20 de octubre, fue mercedado el corral Guayabo Largo  o Santa Rosa, a Hilario Estrada. Nuevamente aparece, con fecha 3 de noviembre  de 1629, la mercedación del sitio Ojo de Agua de Jabaco, pero en esta ocasión a Marcos Solís. También el 4 de diciembre de 1629, se le confirió a Juan F. de Córdova el corral Quemado Grande.

En la zona norte del territorio jagüeyense, Alonso Velázquez de Cuéllar introdujo un cargamento de vacas en el sitio El Mulato. Este lugar estaba ubicado exactamente en las cercanías de Santa Rita de  Baró y el hecho ocurrió en 1630. Es esta la primera referencia sobre la actividad ganadera en el territorio y es una  de las pocas informaciones donde se puede apreciar el fomento económico temprano que, en casi su totalidad, estuvo ausente durante aquella época. Otra información parecida a la anterior, es la licencia que para criar ganado mayor le fue concedida a Baltazar Armenteros  el 28 de mayo de 1644.

Las mercedaciones, por su parte, continuaban en toda la zona, en el esfuerzo natural de las autoridades por fomentar, no sólo la economía rural en la isla, sino también por llegar más a las zonas vírgenes y crear poblados, centros de comercio, etcétera. Pero este esfuerzo, al menos en aquellos tiempos, no fue  todo lo exitoso que se necesitaba.

Con fecha 7 de febrero de 1631, Luis Rodríguez obtuvo la merced del corral Jagüey Grande. Poco tiempo después fue mercedado específicamente el sitio San Marcos, a Juan García. Entrado el año 1687, el 10 de octubre, se le otorgó a Juan de Navia Castellanos la merced del Rancho Claudio.

Ambrosio Sotolongo por su parte, recibió los favores del Cabildo habanero cuando se le concedió la merced del corral Asiento, el 26 de octubre de 1691. También le fue concedido a Pedro Carvajal el corral Guamajales. Finalizando el siglo XVII,  Juan Díaz recibió la concesión del corral Jardines, el 13 de diciembre de 1698.

Durante el siglo XVIII, el Cabildo habanero continuó mercedando territorios en la isla, a lo cual no eran ajenas las zonas que hoy constituyen la provincia de Matanzas.

Con fecha 1 de diciembre de 1702, se mercedó el Rancho Claudio nuevamente a Francisco Barco. En 1718, aparece mercedado otra vez el hato Jabaco, con fecha 7 de abril. Dicho hato es considerado la mayor propiedad en extensión en la zona de Jagüey Grande durante toda su historia colonial. Años después, el 14 de junio de 1720, aparece la mercedación del sitio Batalla, el cual lindaba con Macuriges, La Hanábana y la Ciénaga de Zapata.

Entre las concesiones otorgadas en estos años en el territorio sureño de Jagüey Grande, podemos citar la realizada el 17 de julio de 1733, cuando le fue otorgada a Elias Pita y Cristóbal Zayas Bazán la licencia para introducir ganado dentro de los términos de La Hanábana,  La Entrada y Jagüey Grande. Las propiedades fomentadas por este concepto fueron: Laguna Grande (El Sinú) y Amarillas.                    

En el mes de enero de 1739, Blas Pita le compró la hacienda Santa Rosa o La Entrada a José de Armenteros y Guzmán. Al año siguiente, el 15 de octubre de 1740, Blas Pita, por el derecho otorgado, vendió a Cristóbal Zayas Bazán dos haciendas, una denominada Santa Rosa o La Entrada, la cual linda con el hato de La Hanábana, Zarabanda, Quemado Grande y Guareiras, y la otra hacienda, denominada Jagüey Grande, que se encontraba a 52 leguas de La Habana que limitaba con Cayo Espino, sitio Cocodrilos, Aguada de Pasajeros, Guareiras y San Blas. Fue este el primer acto de compraventa de tierras verificados en la zona del actual territorio jagüeyense, que sepamos hasta hoy.

En este propio año 1740, Cristóbal Zayas Bazán mantuvo arrendada la hacienda Santa Rosa o La Entrada a Antonio Alonso, el cual debía  pagar 700 pesos anuales para poder mantener el arrendamiento de dicha propiedad.

Conquista y colonización no fueron hechos generales en un tiempo breve, sino paulatinos  (bien que la conquista se considera total a partir de la posesión, al menos nominal, española de la isla), pero colonizar en sentido de ocupar espacios vírgenes ocurre como fenómeno en la medida en que se necesita la expansión a una economía mayor que la original y precaria de las villas costeras.

Es necesario detenernos en este aspecto, pues al estudiar la historia local de antiguas poblaciones coloniales, surgen generalizaciones que, si bien funcionan para aquellas, no es así en cuanto a zonas hoy integradas como municipios o provincias. El concepto de la distancia, así como, de la composición y estructura económica era, no sólo distinto al de hoy, sino también al surgido con la plantación cañera del siglo XIX.

Parece más racional la hipótesis de las  zonas económicas  de los historiadores Eduardo Torres Cuevas y Eusebio Reyes. Nos encontramos, según estos autores, con zonas económicas que surgieron como entes independientes, situadas a gran distancia   para la época unas de otras y con un régimen de intercambio comercial bastante microlocalizado.

Mientras lugares como La Habana y otros puertos, tenían comercio al menos con la metrópoli o con similares de la isla, las zonas interiores no poseían aquel régimen de intercambio,  interponiéndose mucho territorio virgen entre los pequeños poblados fomentados entonces.

Por el propio interés de las autoridades en elevar la población interior y hacer productiva la tierra, muchas veces se producían fundaciones de poblaciones, curatos de monte, parroquias, y otras formas de asentamiento o atención a un territorio dado que, con el tiempo, cedían en importancia.

Dos cosas interesantes son los hoy desaparecidos poblados de Alvarez (en la actual línea divisoria entre Matanzas y Villa Clara) y Caimito de La Hanábana (en igual situación, pero más al sur, entre Matanzas y Cienfuegos).

La merma de la importancia de estos dos términos (ocurrida ya en el XIX y XX),   se verifica por varias razones, como pueden ser la no existencia de buenas tierras para la caña en su gran auge del siglo XIX, las dificultades de las comunicaciones al quedar marginados del acceso al ferrocarril, la lejanía de buenos puertos, etcétera.

Así pues, la existencia de poblados tempranos no es una constante en el territorio del hoy municipio de Jagüey Grande, aunque sí hubo el caso de la existencia de Caimito de La Hanábana, poblado rector hasta 1871, de la parte del término jagüeyense que llegó a pertenecer a aquel Partido Judicial.

Los tres poblados actuales (Jagüey Grande, Agramonte y Torriente) y la integración de la zona económica de Jagüey Grande fue un hecho tardío del siglo XIX  fragmentado en las tres partes a las que pertenecía el territorio actual del municipio y donde  desarrollaban su acción  los partidos judiciales como Macuriges, Hanábana y Jíquimas.
  
      II.2 Actividades económicas fundamentales

La zona donde hoy se encuentra el municipio de Jagüey Grande, aunque como se ha visto tuvo un temprano intento de vinculación con la economía colonial, al menos en lo referente a la tenencia de la tierra, no fue un lugar privilegiado para la inversión en la producción agraria. Cierto es que se observan hasta el siglo XIX algunas operaciones con las tierras (compraventa, hipotecas, etcétera), que aunque fueron pocas en correspondencia con la extensión del territorio y el propio fomento, fue obra aislada de algunos que se aventuraban a incursionar en el territorio y que, en virtud de las desventajas al competir en el mercado, no podían elevar la actividad económica.
   
Sólo bien entrado el siglo XIX, con la desagregación del Hato Jabaco, en la zona específica de Jagüey Grande, se desarrollaría la impetuosa inversión capitalista.

Dada las características de las tierras del actual territorio de Jagüey Grande, su distancia de los principales puntos poblados (La Habana, Trinidad, Matanzas), la actividad económica fundamental desarrollada hasta principios del siglo XIX, fue la ganadería extensiva y en alguna medida, la explotación de la madera y algún cultivo en menor escala en la zona de La Hanábana.

II.3 Construcciones religiosas

En 1688, según documentación de archivos parroquiales, se creó  el Curato de Monte de La Hanábana, en correspondencia con las aspiraciones de la Corona en el sentido de estimular la colonización de toda la isla y que las actividades económicas fueran más allá de las villas y sus alrededores.

El Curato de Monte de La Hanábana, fue un intento bien temprano por activar la vida económica y social del sur, entonces desvinculado con la actividad colonial de la hoy provincia de Matanzas. El posterior caserío de La Hanábana, tuvo en este Curato de Monte su punto de partida y es la evidencia primera de actividad socio religiosa en la zona.

Otro documento recoge que, en 1774, fue fundado el cementerio de La Hanábana, que prestaba servicio a aquel núcleo poblacional del sudeste matancero. El pequeño poblado era por entonces el centro principal del territorio, extendido desde Macuriges hasta Yaguaramas.

Según datos que se conservan en la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de la Altagracia, en 1755 la misma atendía un área de 20 leguas de largo y de ancho, donde residían 95 familias con 466 personas de todas edades y sexos. Es significativo señalar que por esta época, ya algunos textos acusan la existencia de La Hanábana como un centro poblacional.

III  SURGIMIENTO Y DESARROLLO DE LA PLANTACION. EL POBLAMIENTO DE LA ZONA.
     III.1  Desplazamiento de la plantación

Las plantaciones de caña de azúcar existentes en la Isla se fueron extendiendo rápidamente por las diferentes regiones en función de utilizar las excelentes tierras existentes. Con el decursar del tiempo  los hacendados cubanos comenzaron a mover las plantaciones hacia territorios todavía vírgenes, dado por el estímulo a la producción de azúcar y el agotamiento de las posibilidades de fomento en las zonas tradicionales ubicadas en las cercanías de las primeras ciudades y poblados. De esta manera, se integrarían en zonas económicas de gran importancia las fértiles extensiones que harían de la futura provincia de Matanzas el imperio azucarero de Cuba.

El avance de la plantación a tierras vírgenes exigía nuevos capitales para enfrentar las inversiones. Pero fue tan rentable el negocio, que produjo una gran circulación de dinero que paulatinamente fue creando el poderío de la naciente burguesía criolla.

Con el gobierno del Capitán  General Luis de las Casas, de 1790 a 1796, se ofrecieron nuevas facilidades a los hacendados cubanos para el comercio de esclavos. La aplicación de la real cédula que autorizaba el comercio de esclavo trajo aparejado un incremento de la raza negra en la isla.

En la década del 20 del siglo XIX, y a pesar de las presiones inglesas por suprimir la esclavitud, a tenor de poder abrirse un espacio comercial mayor para sus productos industriales, se incrementa el comercio de esclavos. Ello se explica porque esta época coincide con el fomento acelerado de las plantaciones de caña y, en consecuencia, era imposible para los propietarios de la isla prescindir de los africanos.

Mucha riqueza estaba en juego como para que se desviaran ante razones humanitarios los hacendados de Cuba. Más bien fue, con el tiempo, el temor a una revuelta racial que repitiera en Cuba la experiencia de Haití, lo que hizo que pensaran en otras fuentes para obtener fuerza de trabajo. Para la zona de Jagüey Grande en 1798, el Brigadier Don Francisco de Jústiz, heredó de su abuelo Ambrosio Zayas la hacienda "San Francisco de Paula", que tenía cuatro leguas de tierra.

Ya en 1804, la hacienda pasó a mano de Antonio José de los Reyes, la adquirió de Felipa María de Urrutia, viuda del Brigadier Jústiz y después por derecho de herencia  la misma pasó a los hijos de Antonio de los Reyes.

Pero es necesario señalar que Jagüey Grande pertenecía al Partido de La Hanábana, que en 1832 tenía la siguiente población:

Blancos               45

Libres de color     49

Esclavos              11

Total                 105

               (1)
    Se puede apreciar para la época muy poca población en La Hanábana, que no llegó a tener fomento azucarero hasta muy tarde, comparado con otras zonas de Matanzas. La economía del sudeste matancero era prácticamente de subsistencia y todavía no había ocurrido la desagregación de la tierra para dar paso a las plantaciones. Las grandes haciendas aún existentes no presentaban, en comparación con otras zonas, niveles de desarrollo económico notable.

    Por este tiempo y observando la existencia de tenerías, podemos afirmar que aunque ya el azúcar era la principal industria de Cuba, todavía la ganadería se mantenía dentro de los renglones económicos con alguna  importancia, aunque cediendo cada vez más en La Hanábana y Matanzas ante la plantación cañera.

   Este desarrollo se había hecho presente a partir de 1845 con la fundación del Ingenio Santa Rita de Baró. Posteriormente surgieron otros ingenios en la zona de Cuevitas (perteneciente al Partido de Jíquimas) y por donde entró el fomento azucarero (junto a la zona de Claudio, entonces perteneciente a Macuriges).

    Palestina, Unión de Fernández (considerado éste uno de los mayores productores), San José, La Luisa, Cantabria, Luchana, Santa Rosa, Europa, Australia, Cataluña, Dos Hermanos, San Joaquín, Santa Catalina y  otros, se convirtieron en los centros económicos más destacados de la zona que estudiamos. Por otra parte, los cafetales que existieron en el territorio jagüeyense no fueron significativos para el desarrollo económico.

    Caimito de La Hanábana, durante muchos años en el centro de desarrollo de la zona sudeste de Matanzas, al no formar parte del gran auge azucarero de la primera mitad del siglo (sólo llegó a tener unos pocos ingenios), ni incorporarse a las nuevas comunicaciones ferroviarias, pierde importancia. Los vecinos de La Hanábana comenzaron por entonces un éxodo hacia el oeste,  asentándose  en Jagüey Grande y hacia el norte, buscando las zonas de más desarrollo de Amarillas, Calimete y Manguito.

    La propiedad rural se hizo notable en la zona de Jagüey Grande, cuando los hacendados y hombres de negocio pusieron sus ojos en esta zona.

    El fomento azucarero fue tardío en el territorio jagüeyense propiamente   hablando (esto es, excluyendo a Cuevitas y Claudio que pertenecían a Jíquimas, Macuriges, y que hoy forman parte del municipio de Jagüey Grande). Por demás, Claudio y Cuevitas no iniciaron tampoco muy temprano  el fomento azucarero, con respecto a otras zonas de la hoy provincia de Matanzas.

No obstante, producto de la tecnología existente en la época, desde los primeros momentos hubo un interés por aplicar el vapor salvo excepciones a los nuevos centros productores de azúcar.

    Entre los primeros ingenios de lo que hoy constituye la zona de Jagüey Grande tenemos:
Ingenios Año Producción
de Cajas Producción
de Bocoyes
Satélite 1859 2 297 117
Cantabria 1859 3 599 234
Unión de Fernández 1859 6 904 517
Santa Catalina 1859 3 188 366
San Carlos 1859 1 863 500
Luisa 1860 4 671 2 112
San Joaquín 1860 2 168 1 098
Luchana 1860 4 671 78
Santa Ana 1860 2 650 685
Santa Rita 1860 6 972 98

                                                             (2)

     De los anteriores ingenios, solamente el Santa Ana se ubicaba en aquellos años en la zona de Jagüey Grande propiamente dicha, los demás pertenecían a Cuevitas y Claudio.

III.2  Transformaciones tecnológicas, sector manufacturero y el ferrocarril

    El establecimiento en 1837 del ferrocarril en Cuba, marcó un viraje en las concepciones económicas y de distribución demográfica de la Isla. El ferrocarril como símbolo de los nuevos tiempos, influyó notablemente en el desarrollo de la producción azucarera, abaratando los costos del transporte, lo cual fue un factor de estimulación para los productores, en particular, aquellos radicados en regiones alejadas de los principales puertos.

    La industria azucarera fue la principal beneficiaria del nuevo servicio de transporte,  determinando una elevación de la rentabilidad en el renglón más importante de la economía cubana.

    El auge de las empresas ferrocarrileras hizo posible que los inversionistas del ferrocarril penetraran en diferentes puntos de la provincia. Ejemplo de ello lo tenemos en:

  • Llega el ferrocarril a Nueva Bermeja (Colón).
  • Se inician los preparativos para llevar al  ferrocarril hasta Claudio, el cual se termina en 1863.
  • 1862 Se concede la autorización para la construcción del tramo entre Navajas y Jagüey Grande.
  • Se abrió el servicio del ferrocarril entre Tramojos (Pedroso) y Claudio (Torriente).
  • Llega el ferrocarril al poblado de Cuevitas.
  • Llega el ferrocarril a Santa Rita, entre Cuevitas y Guareira. Con su avance hacia el este, el ferrocarril contribuyó a la aparición de nuevas urbanizaciones, los llamados "poblados ferroviarios". Estos, surgieron con la aparición de pequeños conglomerados de viviendas, los que se alineaban alrededor de la estación y el almacén ferroviario a los que se le sumaban algunas instalaciones de servicios.

    Una gran cantidad de localidades tiene su origen en esta forma: Rincón, Unión de Reyes, Navajas, Recreo, Bolondrón, por señalar algunos.

     Otros poblados, al quedar alejados de las vías férreas, se vieron perjudicados perdiendo gradualmente su importancia. En Matanzas, los casos significativos son: El Roque y Caimito de La Hanábana; el primero fue cediendo importancia frente al desarrollo de Cervantes (hoy Perico) y el segundo ante los pueblos de Amarillas y Jagüey Grande. Aunque en Cuba el ferrocarril no puede considerarse como una vía para colonizar regiones vírgenes, como lo fue en Estados Unidos, es evidente que su atractivo poblacional influyó en un reordenamiento de dicha estructura en el país, haciendo aparecer y florecer localidades por una parte y arrui¬nando a antiguos poblados por la otra.

III.3  Surgimiento de nuevos núcleos poblacionales

    La llegada del ferrocarril trajo consigo la fundación o traslación de núcleos poblacionales en todo el territorio occidental de la isla durante el siglo XIX.

    Sobre la fundación de Jagüey Grande, la versión más conocida establece que en 1798 Francisco de Jústiz heredó de su abuelo Ambrosio Zayas Bazán, la hacienda San Francisco de Paula; la misma estaba compuesta por cuatro leguas de tierra. En 1804, la hacienda estaba en manos de Antonio José de los Reyes, pasando  poco después a sus hijos.

    En el año 1850 se establecieron en la hacienda San Francisco de Paula los herederos de Don Mateo de los Reyes. Tenían como objetivo fundar un pueblo, al que denominaron Jagüey Grande por la existencia en el lugar de un gigantesco árbol de aquella especie. Queda fundado el pueblo en el año 1857, siendo sus primeras viviendas nueve bohíos de guano y sesenta y siete habitantes.

     Durante el período republicano se señala como fecha de fundación de la localidad de Jagüey Grande el 25 de junio de 1857; la aceptación oficial por las autoridades y la repetición de esta versión, hizo que esta fecha constituyera una celebración en la localidad y se tomara como fecha oficial de fundación del poblado.

    Las anteriores afirmaciones pudieron tomarse como definitivas, pero cometeríamos un error al hacerlo por que las mismas presentan contradicciones con fechas y hechos de la historia local.

    Según nuestro análisis, el 25 de junio 1857 es poco probable que sea la fecha de fundación de Jagüey Grande, ya que la misma coincide con la apertura de los servicios religiosos y por ello fue tomada, haciendo alusión al típico caso de la fundación de villas, donde se tomaba la primera misa como referencia.

    Las opiniones sobre una fundación el 25 de junio de 1857 tomaron datos del estudio de Don Jacobo de la Pezuela, publicado en 1863, que solo aporta la nota de la existencia, ya en esa fecha, del pueblo (3). Identificar dicha información con una fecha fundacional es un error que se cometió a tenor de querer dar a este poblado una fecha fundacional igual que ocurriera con las primeras villas cubanas.

    Dos hechos registrados documentalmente avalan el criterio de una fundación de Jagüey anterior a la fecha considerada como oficial. El primero de ellos refiere el proyecto de un camino a hacerse entre Caimito de la Hanábana y Jagüey Grande en 1835 (4). El otro caso es la existencia de una partida de defunción que menciona a Jagüey Grande como punto poblado:
                   "Lunes veinte y cinco de junio del año de mil ocho cientos treinta y dos Se le ha dado sepultura en este Campo Santo y Cementerio de esta Ygla. de Nra. Sra. de Altagracia dela Hanabana sito  en el Caymito el Cadaver de Maria delos Santos hija legma. de D. Fraco. Jose de los Reyes y Da. Manuela García vecs. de Jaguey Grande de esta Parroql. como de edad de siete año como Sacn. Mayor de esta Ygla. el dia mes y año (ilegible). Supra.
                             Jose Conde y Rua                             (5)

    Teniendo en cuenta que las haciendas eran registradas con su nombre en el libro citado, y que las pequeñas propiedades eran referidas sólo como "de este partido", entonces lo más probable, dada la redacción del documento, es que se esté refiriendo a un punto poblado, ya en el temprano año de 1832.

    El ayuntamiento de Colón informaba que el cuartón de Jagüey Grande el 30 de enero de 1865 tenía cerca de 3 000 habitantes, lo cual indica cierto nivel de ascenso de la actividad económica.

    Por todo lo anteriormente señalado consideramos que la fecha de fundación de Jagüey Grande debe ser alrededor de 1840  1842. Además, para este tiempo en el perímetro del poblado existían de 15 a 20 casas con igual número de fincas y tres tiendas mixtas.

     Estos datos indican que en la década de 1840  1849 existía actividad comercial en el área, lo cual hace suponer  un asenta¬miento con varias familias, casas y establecimientos, lo que puede considerarse un antecedente inmediato al surgimiento  de un núcleo poblacional. El nombre de Jagüey Grande, por demás, refiere un tiempo muy anterior pues data de la época de las mercedaciones.

    Otro de los poblados que nos ocupa es el de Cuevitas (hoy Agramonte), se localiza al norte de la localidad de Jagüey Grande.

    La zona se encontraba en 1845 bajo la administración de Cárdenas, siendo transferido en diciembre de 1855 al Partido Judicial de Colón.

    El cuartón de Cuevitas, en el  Partido de Jíquimas, aparecía con una sola edificación: una tienda mixta a orillas del camino real de Jagüey Grande a Bemba, la cual prestaba servicios a los vecinos del cuartón de Jabaco y las fincas Borrón y San Joaquín, propiedades estas muy próximas a dicho comercio.

    En esta época existía un caserío denominado Paget en el cuartón de Jabaco con determinada significación, si se considera que reunía varias viviendas, cuartel, escuelas y otras instalaciones de servicio. Este caserío tuvo una relación muy directa con el fomento del poblado de Cuevitas.

    La fecha de fundación de la localidad de Cuevitas se señala el 5 de diciembre de 1859, atribuyéndose su causa al desarrollo del comercio  entre los vecinos de las fincas Borrón y San Joaquín, señalándose a Don Juan Quevedo como constructor de las primeras viviendas, así  como el primero en fijar residencia en el lugar.

    Con la llegada de las paralelas hasta el punto denominado Cuevitas, las transformaciones demográficas y de comunicaciones en la zona variaron notablemente.

    Ante el atractivo que representaba el ferrocarril, muchos residentes y comerciantes radicados en el poblado de Paget fueron trasladándose hacia Cuevitas, lo cual provocó el crecimiento de esa localidad.

    La Finca San Joaquín, adquirida en 1864 por Juan F. Rodríguez, segregó seis manzanas destinadas al fomento del poblado. Esto es significativo; pues coincide con la llegada del ferroca¬rril, lo que nos inclina a afirmar que fue el ferrocarril la  principal razón del surgimiento y urbanización de Cuevitas.

     En 1868 Casimiro Menéndez, nuevo propietario de la Finca San Joaquín segregó 26 manzanas para el crecimiento del poblado. Esto explica, hasta cierto punto, el ritmo de crecimiento que adquiría la nueva localidad en contraposición con el estancamiento del antiguo poblado de Paget. 

    Este análisis nos permite afirmar que el surgimiento de Cuevitas es un caso típico de los pueblos ferroviarios aunque con antecedentes de la presencia de una actividad comercial entre los  vecinos  de la zona alrededor de la tienda mixta existente en el lugar, lo que puede considerarse como el embrión del futuro poblado.

    El surgimiento de Cuevitas con su atractivo de buenas comuni¬caciones, significó el inicio para el poblado de Paget de una cuenta regresiva, que lo llevó a perder significado hasta el punto que desde hace unos años desapareció todo vestigio de residentes en el lugar.

    Claudio surge, en el cuartón de igual nombre, como una necesidad al fomento de puntos de comercio en la zona sur de la entonces demarcación de Macuriges. Téngase en cuenta que en 1851 se segregó el Hato Jabaco y entró en este territorio la nueva propiedad capitalista más pequeña y productiva. Es en este contexto que surge el poblado de Claudio en un proceso paulatino.

    Estimamos entonces que, para 1852 y como punto necesario al comercio se fue fomentando en Claudio un pequeño caserío  que vería estimulado su crecimiento e importancia a partir de 1863 con la llegada del ferrocarril.

 


III.4   División político administrativa

    Hacia los años 1860 del siglo XIX, la Jurisdicción de Colón estaba compuesta por capitanías pedaneas, que eran las siguientes:

  • Palmillas
  • Macuriges
  • Macagua
  • Jíquimas
  • La Hanábana

    En el año 1866 fue designado como Capitán de La Hanábana, Urbano Sánchez; y su promotor fiscal se nombraba Fernando Campos. Al año siguiente, fue nombrado al frente de la capitanía José Manuel Aizpurúa y Aniceto Palma como promotor fiscal.

     Estas unidades territoriales fueron integrándose a medida  que el fomento económico incorporaba nuevos territorios a las plantaciones azucareras (con el correspondiente aumento del comercio, las comunicaciones, la población, etcétera).

    La Jurisdicción de Colón, a la que pertenecían los tres partidos judiciales en los que hoy está el territorio jagüeyense, era, hacia mediados del siglo XIX, la avanzada económica del azúcar cubano. Dicho desarrollo azucarero llegó también aunque más tarde a estas zonas del sur (principalmente al cuartón de Jagüey Grande propiamente dicho).

III.5   Expresiones culturales y educacionales

    Para este período el desarrollo cultural alcanzado en algunas regiones del país era notable. Ejemplo evidente lo encontramos en la ciudad de Matanzas, la cual alcanzaba un desarrollo notorio con respecto al surgimiento de instituciones, ya fueran culturales o educacionales.

    Este desarrollo llega a las diferentes regiones de la provincia de manera diferenciada.

    Para 1862, en el Partido de La Hanábana, existía una escuela privada con 33 alumnos, nombrada Nuestra señora de la Altagracia, igual que la parroquia de la zona.

    En las poblaciones de Nueva Bermeja, San José de los Ramos, Corral Falso, El Roque, Palmillas y La Hanábana en 1863 existían doce escuelas públicas y privadas, ocho para varones y tres para hembras.

    En Jagüey Grande no se crearon escuelas hasta el 21 de febrero de 1866. Se instaló una, denominada Nuestra Señora de la Caridad, por aprobación del Gobierno de Colón. Con esta misma fecha, se creó la escuela para niños  Nuestra Señora del Carmen; pero las plazas para los maestros no se aprobaron hasta 1886. 

    El 24 de febrero de 1867 se aprobó la construcción de una casa para escuela en el poblado de Claudio, al año siguiente se creó la escuela Santa Cecilia, en Cuevitas; obra realizada por el Ayuntamiento de Jovellanos.

La zona de Jagüey Grande (concebida como el municipio que hoy es, incluidos Claudio  Torriente y Cuevitas Agramonte) presentaba niveles diferenciados de desarrollo, pues mientras el  primero pertenecía al menos desarrollado de los partidos   judiciales (Caimito de La Hanábana), los otros dos territorios pertenecían a Macuriges y Jíquimas, que ya vivían en medio de su amplia explotación de la tierra en plantaciones cañeras.

    La zona propiamente dicha de Jagüey Grande, que sólo después de la mitad del siglo fue invadida por la economía de plantación, en la década del 60 elevaba sus niveles económico comerciales. No obstante, la cercanía de la Ciénaga de Zapata sería  por siempre un obstáculo a la expansión hacia el sur. Ya por este tiempo, Caimito  de La Hanábana comenzaba a perder su importancia. Sus habitantes, emigrarían a partir de la fundación de ingenios y la llegada del ferrocarril a las zonas del norte y el oeste.

    El cuartón de Jagüey Grande, pertenecería a La Hanábana hasta la instauración de los términos municipales (1879) en la provincia. Poco a poco, ganaba terreno con el fomento económico mien¬tras el viejo asentamiento de Caimito perdía importancia.

    El carácter de periferia que, en la llanura de Colón, tenía Jagüey Grande y el obstáculo de la Ciénaga al sur, además de los difíciles suelos que tenía, frenó el rápido desarrollo de Jagüey Grande, que sólo llegó a ser término municipal a fines del siglo XIX.

   IV  PERIODO 1868   1898
  
    Caimito de La Hanábana era el territorio de menor desarrollo económico y social de la rica Jurisdicción de Colón. Identificado por condiciones naturales impropias para la agricultura de plantación (suelos semipantanosos), no participó en el empuje azucarero que tenía lugar en el resto de la provincia matancera colindante con la llanura de Colón. Esta área marcó una frontera natural a la expansión azucarera hacia el sur, mientras que en el oeste el azúcar procedente de las regiones de Cárdenas y Matanzas sólo llegó hasta su periferia, factores estos que llevaron a la zona a un retraso económico.

    En la parte oeste del Partido, hacia 1860, aparecieron los primeros ingenios que fueron beneficiados tempranamente por el servicio de ferrocarril, el cual irrumpió en el territorio en 1863, extendiéndose por el norte, hasta Santa Rita de Baró (6), en 1866, a Claudio llegó en 1863, mientras que hacia el sur y centro del territorio esto no ocurrió hasta 1876   1878.

    Podemos afirmar que en víspera de la guerra la actividad económica fundamental era el cultivo de la caña y la fabricación de azúcar. Aunque este desarrollo azucarero fue tardío comparado con el resto de la provincia, no es menos cierto que en la década del 60 proliferaron muchos ingenios en la zona, incluso hacia 1868 se fundaron El Rosario y Los Alpes, en Jagüey Grande aunque estos no podían competir con el resto por la lejanía de los principales puertos.

    El hecho de ser Caimito una zona de "periferia económica" en la llanura de Colón, se demuestra con los datos poblacionales reflejados en el siguiente cuadro, donde se aprecia que Caimito no llega siquiera a 1% en ninguno de los parámetros abordados:


    Población del Partido de La Hanábana (1861)
 Blancos % Negros % Total %
Jurisdicción  de Colón
 26 476 100 36 405 100 62 881 100
Partido Caimito de La Hanábana 3 400 0,05 1 204 0,03 4 604 0,03
                                             (7)
    Hacia 1862, en el Partido de La Hanábana, existían 36 casas de tabla y teja y sólo una de mampostería. Para ese entonces Jacobo de la Pezuela describía al pueblo de Jagüey Grande como un "pequeño y moderno caserío con 9 casas y 67 habitantes que empezó a formarse hace pocos años en el centro del hato de su nombre, sobre terreno llano y pedregoso y no muy lejos de la orilla septentrional de la Ciénaga de Zapata". (8)

    Sin embargo, otra publicación (9) plantea que hacia 1862 la población urbana de Jagüey Grande era de 214 habitantes con 58 casas de madera y teja. Hacia 1868 el pueblo había crecido extraordinariamente y, sólo en la década de 1860, se construyeron 11 ingenios, lo cual nos permite apreciar como se estaba trasladando a la zona de Jagüey Grande (por el oeste) y hacia Calimete, Amarillas (por el norte), el protagonismo socioeconómico de Caimito de La Hanábana.

    El 6 de marzo de 1862 se concedió permiso para la construcción de una iglesia en el poblado de Jagüey Grande y en 1863 comenzó su construcción. Como encargado de recoger fondos para su construcción se nombró a Gabriel García Menocal, hombre que estaría después en el centro del movimiento independentista de Jagüey Grande.

A raíz de la insurrección independentista en 1868, la iglesia fue ocupada por las fuerzas españolas hasta principios del año 1873, aunque ya el 25 de julio de 1872 había ocurrido su inauguración; celebrándose la primera misa a las 9:00 a.m. de ese día en un pequeño cobertizo de la misma. El templo se terminó de construir en noviembre de 1879, momento en que fue trasladado el Archivo Parroquial de La Hanábana hacia Jagüey Grande. El 12 de octubre de 1878, se fundó el Cementerio Católico del pueblo.

IV.1  Noticias de otros poblados
 
    En cuanto al desarrollo educacional de Cuevitas, tenemos la creación en 1868 de una escuela pública para varones con el nombre de Santa Cecilia y posteriormente se fundan dos escuelas más: una en 1873 para niñas con el nombre de Santa Matilde y otra en 1874 en el Barrio Jabaco, con el nombre de San Juan.

     En cuanto a Claudio, debe su desarrollo al fomento azucarero que, si bien en el resto de la provincia tuvo efecto en la primera mitad del siglo XIX, en el sur fue a partir de la segunda centuria cuando llegó a la zona, fundamentalmente por el oeste, a partir de Corral Falso y Unión de Reyes. Existen contradicciones en cuanto a su fecha de fundación (1851 o 1852); aunque con seguridad, en la década del 50 del pasado siglo ya existía el pueblo.

    Según datos obtenidos por el Licenciado Noel Martínez, el embarcadero de Claudio existía ya en 1860, antes de la llegada del ferrocarril. Sin embargo, no fue hasta este momento que se apreció un desarrollo notable del comercio en la zona: la instalación de bodegas y la estación ferroviaria que propiciaron el crecimiento del poblado.

    El ferrocarril llegó al pueblo en 1863 y fue Cosme de la Torriente, dueño del Ingenio Cantabria, quien lo promovió. Poco a poco se fue sustituyendo el nombre de Claudio por el de Torriente, porque el ramal ferroviario que se extendió hasta Claudio tenía el nombre de Torriente. En 1881, se logró que fuera instalado el servicio de correos y telégrafos en Claudio.

    Antes de estallar la guerra los principales ingenios establecidos por la zona de Claudio, pertenecientes al Partido Judicial de Corral Falso, eran: San Joaquín, Dos Hermanos, Santo Domingo, San Carlos, Luchana, La Luisa, Adelaida, San Luis, Cantabria, Josefita y Julia. Todos estos ingenios, a excepción del Luchana, eran de vapor.

    La zona sur de la provincia, en particular las próximas al río Hanábana, eran las más atrasadas desde el punto de vista económico y social de toda Matanzas.

    El actual territorio de Jagüey Grande, conformado entonces por los partidos de Macurijes, Jíquimas y La Hanábana, tenían distintos niveles de desarrollo y en tal sentido se hace difícil una visión homogénea del mismo, pues fueron las zonas de Claudio y Cuevitas las primeras en iniciar el fomento de plantaciones. Jagüey Grande, como zona socioeconómica propiamente, no era significativa en la época respecto a las otras dos que hoy componen el municipio.

 V. 2 Estallido de la Guerra de los 10 Años.

    A partir del 10 de octubre de 1868, se inició en Cuba la extensa y definitiva lucha por la independencia. La propuesta político militar de Carlos Manuel de Céspedes significaba una ruptura por la fuerza de los lazos con España, respuesta lógica al fracaso continuado de los intentos de la burguesía criolla de lograr mejoras y libertades para Cuba. Así comenzó la larga lucha por el logro de nuestra independencia nacional. Al respecto, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz dijo: "No hay, desde luego, la menor duda que Céspedes simbolizó el espíritu de los cubanos de aquella época, simbolizó la dignidad y la rebeldía de un pueblo  heterogéneo todavía  que comenzaba a nacer en la historia". (10)

    El hecho de que esta guerra fuera iniciada por la burguesía oriental de Cuba no es casual, profundas diferencias entre el desarrollo de las zonas occidental y oriental de Cuba lo justifican.

    En el Occidente del país una burguesía esclavista fuerte no estaba interesada en cambiar la situación con golpes violentos que destruirían sus riquezas. A esto se unió el temor al negro, mayor en el departamento occidental del país, que agrupaba el 77,32% de la población esclava o semiesclava. Los occidentales trataron por todos los medios de buscar soluciones menos violentas y al comenzar la guerra no quisieron rezagarse, de modo que se vincularon a la independencia a través de la Junta Revolucionaria de La Habana, fundada el 1 de noviembre de 1868; dicha agrupación llevaba en si la duda y la contradicción entre el reformismo y el independentismo dada la composición social de la mayoría de sus miembros principalmente.

    No obstante, en el Occidente del país, existían otros grupos que comprendían que la única alternativa posible era la guerra y se preparaban para ella. Este fue el caso de los comprometidos de Jagüey Grande, los que organizaron un movimiento conspirativo dirigido por la Junta Revolucionaria de La Habana, la cual aplazó interminablemente la fecha del alzamiento, esperando la llegada a La Habana del Capitán General Domingo Dulce con un amplio plan de reformas. En enero de 1869 varios miembros destacados de la Junta se trasladaron a Nueva York, por lo que el grupo de Jagüey Grande decidió actuar por su cuenta.

        Alzamiento de Jagüey Grande el 10 de febrero de 1869

    El 10 de febrero de 1869, pocos días después del alzamiento de Las Villas, se pronunciaron en armas en la finca  o tienda El Gallo en Jagüey Grande, un centenar de hombres dirigidos por Gabriel García Menocal.
  
    La conspiración de Jagüey Grande estaba dirigida por Gabriel García Menocal, administrador del Ingenio Australia. Previo al alzamiento, la Junta de La Habana había enviado a dos coroneles mejicanos para auxiliarlos, José Inclán y Gabriel González. Este último, fue detenido por las autoridades españolas antes del pronunciamiento. También en las gestiones conspirativas se destacaron el procurador de Colón Elías Guerra, fusilado en aquella ciudad el 17 de febrero de 1869, y Agustín Rodríguez, el verdadero iniciador de la Revolución en la zona.

    El grupo sublevado se dirigió al pueblo ocupándolo por tres horas. Entre ellos estuvo la representación de la mujer cubana en la figura de Narcisa Deop, esposa de Menocal y quien portara la bandera cubana izada en la torre de la iglesia parroquial, construcción ocupada por la Guardia Civil que la utilizaba como cuartel.

    El espionaje español, a pesar de conocer  con anticipación de esta insurrección, no pudo evitarla convirtiéndose así Jagüey Grande en el primer poblado del Occidente del país en pronunciarse en armas contra España y ser ocupada por las fuerzas rebeldes en aquellos momentos.

    Al retirarse los insurrectos del pueblo conocieron que no habían sido secundados por los demás comprometidos y decidieron, ya dirigidos por José Inclán, único con experiencia militar en el grupo, internarse en la Ciénaga de Zapata con unos 200 hombres, sostuvieron varias acciones entre ellos el del día 14 en la Finca  Galdós y el 18 en La Sirena con las fuerzas españolas, donde ambas partes sufrieron algunas bajas.

    El 18 salieron desde Cayo Bejuco atravesando las riberas pantanosas de Murga y Zarabanda  llegando al lugar conocido como el Jiquí, lugar donde Inclán asentó su jefatura. Para ese entonces numerosos grupos de otras zonas marcharon casi todos desar¬mados a unirse a sus compañeros. Ya para el 25 de junio de ese año estaba formada la Columna de Operaciones de Jagüey Grande, al mando de José Inclán, iniciándose así una serie de operaciones militares en las jurisdicciones de Colón y Cienfuegos.

    Esto nos demuestra, que a pesar del Decreto de Amnistía promulgado por Dulce en febrero de 1869 y de la represión desatada, el territorio no fue pacificado como informaban los partes españoles. Aunque es cierto que muchos de los alzados, ante lo difícil del medio para hacer la guerra, decidieron acogerse al indulto presentándose a las autoridades españolas, no todos lo hicieron.

    Después de producirse el alzamiento y ante la tenacidad del grupo internado en la Ciénaga, el gobierno español desató una ola represiva contra el territorio, enviando a más de 6 000 soldados para aplastar a los insurrectos. Además, según Dionisio Poey, fueron fusilados en Jagüey Grande más de 150 personas, en su mayoría inocentes. (11)

    El grupo de voluntarios conocido como los "Chapelgorris de Guamutas", al mando del cual estaba el administrador del Ingenio El Líbano, Claudio Herrera, se hizo tristemente famoso por los crímenes y atropellos cometidos en toda la Jurisdicción de Colón. Un ex/miembro de este grupo de voluntarios publicó en Méjico  en 1896 un libro sobre la guerra en Cuba, donde escribió: "Herrera persiguió de muerte a los inermes cubanos; prendió a muchos, fusiló a varios y llenó de luto y terror al desgraciado caserío de Jagüey Grande". (12)

    En julio de 1869 las fuerzas de Inclán tuvieron que enfrentarse a otro grupo de asesinos que en su mayoría habían sido sacados de las cárceles por el gobierno español para atemorizar a los campesinos y cometer todo tipo de violencia contra la población indefensa. Eran "Los Traidores de la Muerte", que llevaban al cuello de su uniforme una calavera con dos tibias, quienes cometieron muchos asesinatos por todo el Sur de Matanzas; entre sus víctimas tenemos a un vecino de Claudio, Manuel Fuentes.

    El grupo insurrecto siguió combatiendo y llegó, incluso, a tener que alimentarse con calabazas crudas, a esto se le unía la falta de armamento y municiones, por lo que Inclán decidió pedir ayuda a la Junta Revolucionaria de Nueva York. Esto lo podemos apreciar en el siguiente documento que a su vez desmiente la versión de que Menocal se presentó a las autoridades españolas:
                                                                     
            República de Cuba                                  
            Ejército Libertador                                
            Columna de Operaciones                             
            de "Jagüey Grande".                                
                                                                                                                   
          El que suscribe Coronel Jefe de esta columna
         autoriza competentemente a los C.C. Juan Pardo,
         Gabriel Menocal y Joaquín Mora para que se
          presenten en nombre de la República a la
          Junta de Nueva York con el fin deque, hecha
          mención de las circunstancias que rodean esta
          columna y mérito de la localidad, preste su
          apoyo, si lo juzga conveniente, en la adqui 
          sición de parque y alistamiento de las tropas
          que le fuere posible reclutar, como así mismo
          la provisión de armas correspondiente. Todo
          lo cual eleva el conocimiento del General en
          Jefe de este departamento en esta misma fecha.
                                                            
          Patria y Libertad Campamento en El Jiquí
          Partido de Yaguaramas.
                                                                     
          Junio Veinte y uno de 1869, segundo de la
          Independencia.                                                       
                                   José Inclán     (13)
                    

    No hemos encontrado evidencias de la materialización de esta ayuda. Para entonces, agosto 1869, Inclán actuaba bajo las órdenes del General Federico Fernández Cavada, vinculado a las fuerzas insurrectas en Las Villas.

    En el propio mes en la Finca  Rosario, la Columna de Jagüey Grande sostuvo un combate con las fuerzas españolas a las que ocasionaron 31 bajas, entre ellas 18 muertos. El gobierno español trató de sacar a los rebeldes de la Ciénaga de Zapata enviando varios batallones que unidos a las fuerzas de Cárdenas, Matanzas y Colón, cargaron la misma desde Cantabria hasta Caimito de La Hanábana, pero no lograron su objetivo.

    En enero y febrero de 1870, José Inclán, en coordinación con el mando supremo de la Revolución, lanzó una invasión a la provincia de Matanzas que llegó muy cerca de la capital provincial; quemando a su paso un total de 12 ingenios. En este caso Humberto Ballesteros asegura: "Se ha dicho que Luis de la Masa Arredondo fue el primer invasor a Occidente pero... en el caso específico de Matanzas, lo fue Inclán con varios días de antelación." (14)

   Durante todo el mes de marzo continuaron los incendios en los cañaverales y se destaca entre estos esfuerzos por mantener la guerra la toma del pueblo de Jagüey Grande el 8 de marzo de 1870 por el General Jesús del Sol procedente de Cienfuegos. Esta fue una victoria cubana conquistada a muy alto precio debido a la resistencia de las fuerzas españolas. Por segunda vez en esta guerra el poblado de Jagüey Grande fue escenario de la lucha por la independencia. Después de la acción los insurrectos se retiraron hacia la Ciénaga.

     En la segunda mitad de 1870 Inclán fue reclamado por el mando insurrecto para la Jurisdicción de Holguín, donde llegó a alcanzar el grado de General de Brigada del Ejército Libertador de Cuba. Este aguerrido militar fue fusilado por las autoridades coloniales en Camagüey el 15 de mayo de 1872.