Mario Muñoz Monroy "Médico del Moncada"

Palabras iniciales

       Mario Muñoz había llegado más temprano que de costumbre. Parado en la puerta del Liceo colombino, impedía la entrada de los que venían trajeados. Acontecía el Baile de la Guayabera, idea que puso en práctica para atenuar tanta vana aristocracia y permitirle a los de menos recursos económicos sentirse a sus anchas. Algunos incumplidores se alejaban del lugar contrariados.
      Un automóvil se detuvo junto a la acera, frente al parque La Libertad; un hombre vestido con traje elegante descendió de él y saludó efusivamente a Mario. Era el concuño, recién llegado de La Habana.
Me da mucha pena, pero si te dejo pasar tengo que admitírselo a otros. Te propongo que vayas a la casa y te pongas una de mis guayaberas le dijo Mario.
     No, Mario, no vengo con la idea de entrar al baile vine a saludarte y pasar unos días con ustedes.
"Mi hermano era firme en sus propósitos expresó Roberto Muñoz al terminar de contarnos la anécdota, Cuando se entusiasmaba con un proyecto nunca lo abandonaba, como esa noche en que, siendo presidente del Liceo, se le fue la mano con el concuño.”
    De luces y sombras están hechos los hombres, se ha repetido muchas veces, y exaltar las primeras soslayando las segundas puede propiciar que nuestros mártires sean ejemplos, sí, pero inalcanzables, cuando el afán es animar a seguirlos. Ciertamente, el solo hecho de inmolarse por una causa noble los hace superiores, pero no sobrenaturales, y el secreto de rozar sus estaturas estriba en verlos como lo que son: seres humanos.
    Esos matices están presentes en la vida de Mario Muñoz Monroy, uno de los mártires más relevantes del siglo XX matancero y, sin dudas, el más notorio de su natal Colón. Su participación en el movimiento revolucionario de la Generación del Centenario lidereado por Fidel Castro y en las acciones del 26 de julio de 1 953, cuando fue asesinado, hicieron que su figura se convirtiera en símbolo de civismo y lucha para todos los cubanos que participaron en el derrocamiento de la dictadura proimperialista de Fulgencio Batista Zaldívar y los que posteriormente emprendieron la defensa de la revolución y la construcción del socialismo en Cuba.
     Pensamos que el gran mérito del Médico del Moneada fue su honestidad. Primero que todo consigo mismo, por eso siempre dijo lo que pensó, aunque a veces se equivocara, y se granjeó enemigos por luchar contra lo que creía injusto. Honestidad también para con su profesión. Honestidad para con la patria y el futuro.
    Este texto ha salido del estudio de sus papeles, de las actas del Ayuntamiento y del Colegio Médico de Colón, de testimonios de familiares, amigos y compañeros de lucha; de materiales imprescindibles, algunos de ellos no estudiados hasta ahora, que nos presentan a un Mario luchando contra las ataduras y prejuicios de la clase pequeño burguesa provinciana, dentro de la cual s^ desenvolvió e hizo su vida, y que murió en una etapa de franca radicalización de su pensamiento. Sacarlo de este contexto sería incomprenderlo o crear un personaje irreal.
    La bibliografía sobre la acción del "Moneada" es abundante, pero los datos acerca de Mario Muñoz están dispersos. No obstante, hemos podido reconstruir en esencia su actuación en los hechos, fundamentalmente por la invaluable ayuda que nos brindó el acucioso investigador José M. Leiva Mestres. Sobre las imágenes fotográficas debemos advertir que, dada la profesión del padre, son muchas; tratamos de seleccionar aquellas que testimonian los momentos más trascendentes de su vida. Lo mismo ocurre con los documentos (carnés, pasaportes, licencias, diplomas, etcétera) y la papelería.
,Si las motivaciones expresadas no bastaran para sumergirnos en los solitarios caminos de la investigación y la redacción históricas, diremos, además, que nos sentimos felices porque este nuevo trabajo sobre Mario Muñoz, aunque no agote el tema, es una manera de mantenerlo vivo más allá del tiempo y de la muerte.
     Triste final les espera a quienes no han dejado una estela de obras y simpatías entre sus semejantes. Mario dejó eso y mucho más. Salvado para la posteridad está el Médico del Moneada.