Javier Dueñas

558
En época tan temprana como 1985 realizó su primera muestra: William y Javier exponen, junto al artista y amigo William Hernández, cuando ambos eran estudiantes. Una selección de ejercicios preliminares: retratos, paisajes y naturalezas muertas; indagaciones en las técnicas del dibujo, la pintura, el grabado, pero ya se adivinaba la inclinación hacia temas propios de la cotidianeidad.

"Mi obra siempre ha tenido un marcado carácter ilustrativo por el uso de los colores planos, las figuras delineadas, la concepción narrativa y estando en la Escuela Nacional de Arte, muchos me señalaban esto como un elemento desmerecedor".

Después, con el decursar de la década de los 90, vinieron series pictóricas que reunían personajes icónicos de la visualidad cubana: Liborio, el Bobo de Eduardo Abela, el Loquito, junto a otros creados por él.

Cada obra, con la reiteración de símbolos, de planteamientos visuales que le obsesionan, es asumida como el recuadro de una caricatura: por separado funciona dentro de su propia lógica comunicativa pero unida al resto de la producción plástica componen un discurso que busca siempre la reflexión colectiva sobre la sociedad, la política, la economía.

¿Cómo es posible el tránsito de un enfoque creativo con un sentido muy crítico de la realidad a la ilustración de libros para niños?

"Todo surgió a partir de una conversación el escritor José Manuel Espino, quien estaba muy disgustado porque los personajes que le habían diseñado para su último libro no se correspondían con lo que esperaba, y yo le propuse mi trabajo, como amigo, fue él quien me llevó a la Editorial Gente Nueva.

"Antes solo había hecho una par de portadas para Ediciones Matanzas y la ilustración de un discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro para la revista Tricontinental".

A partir de su trabajo en títulos como El pañuelo de Tarick o Si tú me miras, el artista demuestra no solo su dominio de los recursos expresivos de la plástica sino también su versatilidad a la hora de asumir los temas y reinterpretarlos desde su subjetividad.

"Cuando comencé a ilustrar me ceñía a una acción determinada o una frase del escritor y a partir de ahí desarrollaba mi trabajo, sin embargo, con el tiempo fui dando cuenta de que las ilustraciones tienen que ser capaces de contar ellas mismas una historia.

"La poesía me da mucha libertad para fantasear, para expresar todo lo que intuyo o me imagino sobre el texto. La prosa es más restringida, las imágenes deben atarse a un hilo conductor."

 Hojeando Canción de los números (Premio La Rosa Blanca de ilustración 2006), por ejemplo, se hace evidente su formación como pintor: no hay márgenes ni espacios en blanco, cada página es concebida cual un pequeño lienzo, los personajes salen del texto pero también de la imaginación de su ilustrador, cada centímetro se puebla de texturas, de pinceladas.

Tan orgánica combinación se ha se ha producido entre plástica e ilustración que las imágenes de dos libros Pasen señores, pasen y Canción de de los números serán exhibidas la sala polivalente de la galería Provincial Pedro Esquerré a partir del lunes 19, día de la apertura de la Feria del Libro en Matanzas.

Las líneas, los claroscuros, pueden esbozar incluso "el susto en el vuelo del zunzún", perfilar "Gentil lluvia reluciendo sobre las cosas sencillas". Javier lo sabe: "un libro también es un puente."